Matières Fécales: El uno por ciento

Bryan Johnson desfilando por la pasarela Matières Fécales FW26: desenmascarando la sátira del “uno por ciento”.
por Louis Lorgis-Leech

Crédito de la foto: usa.10magazine.com

Entrar en el Palais Brongniart para el último desfile de Hannah Rose Dalton y Stephen Raj Bhaskaran se parece menos a asistir a una presentación de moda y más a presenciar una ópera distópica. El dúo transforma magistralmente el histórico escenario, marcado por su pasado como bolsa de valores, en un vehículo para la vanguardia, donde la colección no solo se muestra, sino que se interpreta a través de tres tableaux de poder distintos.

Mediante la precisión clínica  del caminar de las modelos, la música inquietante, la coreografía calculada y el maquillaje deliberadamente teatral, construyen una narrativa compleja que disecciona la condición humana. Es un espacio donde la ropa funciona como una aguda crítica social, y donde cada movimiento, desde un gesto rígido hasta una mirada vacía y modificada, se convierte en un acto de narración cuidadosamente calculado.

El poder de los arquetipos

Familia burguesa:

El primer tableau de Rose Dalton y Raj Bhaskaran giraba en torno al poder de los arquetipos. Todo comienza con la aparición del típico burgués en escena, donde vemos, aunque no del todo,  a una mujer vestida completamente de negro: lleva un blazer entallado de doble botonadura y una falda voluminosa, acompañados de los tradicionales collares de perlas en capas, evocando un aire de elegancia de alta sociedad aparentemente sin esfuerzo.

Pero, ¿es realmente sin esfuerzo?

Lo que destaca aquí son sus “guantes de la culpa”, mitad rojos y mitad blancos. Al acentuar los supuestamente refinados y largos guantes blancos con un rojo vibrante, el efecto imita la apariencia de carne cruda o sangre. Así, se sugiere que la identidad de clase “pulida” está entrelazada con la realidad visceral del cuerpo humano. En otras palabras, los diseñadores cuestionan la ontología de la burguesía, tratándola como un constructo artificial que corre el riesgo de sangrar hacia la realidad que intenta reprimir.

El sombrero formal de ala ancha que oculta su rostro, junto con la aplicación excesiva de lápiz labial rojo, enfatiza la máscara performativa que encarna.

Más adelante en el desfile, esta figura será vuelta anónima y deshumanizada, algo que veremos desarrollarse posteriormente en la presentación.

La deconstrucción del sujeto: omnipresente

A lo largo del desfile, los rostros de ciertas modelos son deconstruidos para revelar la realidad detrás de la interminable búsqueda de la belleza. Por ejemplo, el proceso posterior a una cirugía plástica se sugiere mediante la presencia de un implante nasal visible.

En consecuencia, la noción convencional de belleza es puesta en cuestión y el fenómeno del looksmaxxing pasa a ocupar el centro del debate. El mensaje es que resulta fundamental encontrar libertad en medio de una industria de la moda dominada por la conformidad. Los extremos a los que se llega para alcanzar lo que la sociedad define como “bello” terminan volviéndose grotescos en sí mismos. De este modo, la fachada perfecta de la moda de lujo es criticada por sus estándares de belleza irreales, a través de la exposición de la vulnerabilidad del cuerpo.

Además, la irrupción del rosa dentro de los atuendos monocromáticos en negro, gris y blanco rompe la ilusión de un exterior social perfectamente controlado. Así como la moda evoluciona, el sujeto también es susceptible de mutar; y no permitirá que el “diktat” de la moda dominante reprima su individualidad.

Perlas: el estatus tradicional de la feminidad

En el look que vemos a continuación, las perlas que aparecían en el primer atuendo femenino burgués tradicional son recontextualizadas como una herramienta sofocante que distorsiona el rostro. Esta elección sugiere que las rígidas expectativas de clase y de belleza funcionan como una jaula invisible, que literalmente constriñe y deforma al individuo en la búsqueda de una apariencia idealizada.

Sin embargo, el conjunto todavía conserva un elemento sofisticado:

El traje de tweed blanco con flecos, las perlas alrededor del cuello, los tacones blancos, los guantes blancos y rojos y el lápiz labial rojo. Pero, al mismo tiempo, las perlas que amordazan a quien las lleva, el polvo blanco exagerado y las cejas obviamente falsas colocadas sobre las cejas reales inquietan al espectador, al exponer les règles du jeu, es decir, las reglas del juego, en otras palabras, el poder que gobierna las expectativas de la sociedad.

La élite

Por último, se nos presenta la manifestación física del «uno por ciento»: es decir, el poder, la codicia y la corrupción, donde el poder y la búsqueda del dinero ciegan toda claridad moral.

El poder de la comunidad

¿Culto: un apodo justificado?

Los diseñadores de Matières Fécales comentan sobre su sólida base de seguidores, a menudo etiquetada como un “culto” debido a la fuerte encarnación de los valores de la marca. Un ejemplo es la sudadera con cremallera —con bolsillos tipo canguro— que se ha convertido casi en una pieza de culto y que suelen llevar amigos y familiares de los diseñadores, algunos de los cuales incluso modelaron en el desfile. Entre ellos se encuentra Michèle Lamy, figuras que, según sugiere la narrativa, se sienten impotentes dentro de una sociedad en la que no forman parte de “el uno por ciento“.

Es casi como si hubiera cinta negra sobre la boca de la modelo. Este detalle alude a los sentimientos de marginación e invisibilidad que experimentan sus amigos y familiares en una sociedad donde tan pocos poseen tanto

La sudadera “sin censura”

La sudadera, que muestra un grupo de figuras con traje, resalta el acto del “culto” de reclamar espacio frente a estas mismas estructuras de poder corporativas.

Al llevar el “rostro” de la burguesía convencional en el pecho, se burlan de la uniformidad de quienes sostienen los sistemas tradicionales, declarando efectivamente que su propia existencia no conformista es la verdadera realidad, sin filtros.

El “culto” de Matières Fécales persistirá a pesar de las estructuras sociales y normas establecidas.

El poder del futuro

Los inmortales

El último tableau del desfile exploró el futuro especulativo del poder, centrándose en individuos que trascienden las limitaciones humanas.

Los diseñadores cuestionan si la búsqueda extrema de la longevidad y el control del tiempo sirve para elevar a la humanidad o, por el contrario, aliena irrevocablemente a la élite de la experiencia humana.

Por ejemplo, la ilusión de pies descalzos, lograda mediante silicona estructural hiperrealista, sugiere que, incluso si la élite trasciende artificialmente los retrasos biológicos, aún se vuelve ajena al intentar parecer humana. El cuero grabado con patrón reptiliano sugiere un intento de mejorar o reconfigurar la piel, transformándola en una armadura sintética más duradera, mientras que el contraste entre la sastrería limpia y estructurada y el bajo desgastado y crudo de la falda resalta la fricción entre el deseo de la élite por un diseño eterno y perfecto y la caótica, entropía de la realidad orgánica.

Bryan Johnson

La ironía de que Bryan Johnson modelara en este desfile resulta casi cómica, ya que los esfuerzos reales de su “Project Blueprint” para extender radicalmente su propia vida mediante intensos protocolos de biohacking y modificación corporal son precisamente lo que Hannah Rose Dalton y Stephen Raj Bhaskaran critican en esta propuesta. Su deseo de visibilidad cultural lo convierte en la remate humorístico de su propia sátira distópica.

Look 54: Cuando el looksmaxxing se vuelve posthumano

Para mí, el look más impactante de todo el desfile fue uno de los últimos: el número 54.

Este vestido escultural y oversize utiliza tejidos rígidos, como neopreno laminado, apoyándose en una estructura interna similar a la corsetería tradicional, que obstruye el movimiento natural de quien lo lleva.

En este contexto, el efecto resulta aún más inquietante porque revela una biología performativa.

Al elegir mantener las manos en esta postura rígida, combinada con la pérdida sensorial total provocada por los lentes esclerales, la modelo está imitando activamente los movimientos mecánicos que su vestimenta le obliga a encarnar. Esto muestra que, en este futuro, la élite no solo viste tecnología, sino que ha sido condicionada para desempeñar físicamente una versión nueva y no humana de sí misma, incluso hasta en la forma de gesticular. Como se mencionó antes, han alcanzado una deshumanización total y se muestran insensibles a su entorno en su nuevo “otro mundo”.

Reflexión final sobre la colección

En última instancia, la última colección de Hannah Rose Dalton y Stephen Raj Bhaskaran funciona como un espejo inquietante que refleja nuestra trayectoria actual. Al yuxtaponer los arquetipos rígidos y sofocantes de la burguesía tradicional con la estética grotesca y bioingenierizada de un futuro “trascendente”, exponen cómo la insaciable búsqueda de poder, codicia y corrupción puede cegarnos frente a nuestra propia humanidad.

Al mismo tiempo, el desfile pone de relieve la resiliencia de su “culto”, una comunidad de seguidores que, aunque se siente marginada por estas estructuras corporativas, encuentra poder en su identidad no conformista.

El show no concluye con una promesa de progreso, sino con una advertencia: en nuestra obsesión por correr contra el tiempo y redefinir la humanidad, corremos el riesgo de sacrificar la esencia misma que nos hace humanos. Cuando las modelos se retiran del escenario, quedamos preguntándonos si este futuro “perfecto” es un triunfo de la evolución o simplemente un sofisticado y estilizado borrado del yo.