Mille Miglia 2026: Chopard acelera el tiempo entre joyas mecánicas y autos de colección
Karl-Friedrich Scheufele y Jacky Ickx volvieron a tomar la ruta italiana en una edición marcada por la victoria de los Tonconogy y el lanzamiento de nuevas piezas conmemorativas.
Redacción Every
Hay carreras que se ganan con velocidad. La Mille Miglia, en cambio, se conquista con algo mucho más raro: precisión, temple y un gusto casi aristocrático por escuchar cómo respira una máquina antigua. Durante cinco días, del 9 al 13 de junio de 2026, Italia volvió a abrir sus carreteras a una procesión de más de 400 automóviles clásicos que salieron de Brescia para atravesar ciudades de arte, pasos de montaña, paisajes protegidos y carreteras donde cada curva parece haber sido diseñada por un poeta con licencia de piloto. La ruta de este año unió Brescia, Padua, Montecatini Terme, Roma, Rimini y de nuevo Brescia, manteniendo viva la liturgia de una competencia nacida en 1927 y celebrada hoy como una prueba de regularidad para vehículos históricos.
La edición 2026 tuvo como grandes protagonistas a Juan y Margarita Tonconogy, quienes cruzaron la meta en Brescia al volante de un Alfa Romeo 6C 1750 GS Spider Zagato de 1931. La dupla argentina defendió su liderazgo hasta el final y se impuso por delante de Andrea Vesco y Fabio Salvinelli, segundos con un Alfa Romeo 6C 1750 SS Spider Zagato de 1929. Fue una victoria con sabor de linaje, de volante fino y nervio elegante, en una carrera donde no basta con tener un coche extraordinario: hay que saber leer el tiempo como se lee una partitura. Y en ese punto, precisamente, entra Chopard. Porque si la Mille Miglia es una celebración del automóvil clásico, también es una celebración del tiempo. No del tiempo abstracto, sino del tiempo medido, exigente, casi caprichoso: segundos que deciden una clasificación, promedios que deben mantenerse con disciplina quirúrgica, cronómetros que convierten la nostalgia en competencia. Desde 1988, Chopard acompaña la carrera como Patrocinador Mundial y Cronometrador Oficial, una alianza que no nació como simple ejercicio de branding, sino de una afinidad natural entre dos mundos obsesionados con la mecánica, la belleza funcional y la precisión.
Karl-Friedrich Scheufele, copresidente de Chopard, encarna esa unión de manera casi novelesca. Coleccionista y conductor de automóviles clásicos, Scheufele no mira la Mille Miglia desde una terraza VIP: la corre. La vive desde el habitáculo, entre mapas, ruido de motor, concentración y esa mezcla de glamour y polvo de carretera que solo poseen los grandes eventos con historia. En 2026 volvió a participar acompañado por Jacky Ickx, leyenda del automovilismo y embajador de Chopard, con quien comparte una relación que comenzó cuando ambos condujeron juntos en la 1000 Miglia de 1989.
La imagen tiene algo de cine europeo de culto: Scheufele e Ickx dentro de un Mercedes-Benz 300 SL Gullwing de la familia Scheufele, recorriendo Italia no como una postal inmóvil, sino como una maquinaria viva. El Gullwing, con sus puertas de alas imposibles y su silueta de felino metálico, parece el vehículo perfecto para una carrera donde el lujo no grita. Ronronea. La Mille Miglia no es el lujo del exceso, sino el lujo de saber: saber qué coche se conduce, qué historia carga, qué reloj se lleva en la muñeca y qué significa llegar a Brescia después de casi 2,000 kilómetros sin haber perdido la elegancia ni la concentración.
En la Mille Miglia moderna, el objetivo no es acelerar sin medida, sino respetar velocidades promedio exactas y superar pruebas cronometradas con una precisión casi relojera. Esa es la clave de su encanto: no se trata de domar el tiempo a golpes de potencia, sino de negociar con él. Cada tripulación se convierte en una pequeña orquesta mecánica: conductor, copiloto, instrumentos, cronómetro, motor y carretera. Por eso Chopard no aparece aquí como un invitado decorativo, sino como un narrador natural de la experiencia.
Con motivo de la edición 2026, la Maison presentó dos nuevas creaciones que traducen el espíritu de la carrera al lenguaje de la relojería contemporánea. La primera es el Mille Miglia GTS Power Control Grigio-Blu – 2026 Racing Edition, una pieza de 43 mm en Lucent Steel™ con carátula grigio-blu granulada, movimiento automático Chopard 01.08-C, certificación COSC, indicador de reserva de marcha y una autonomía aproximada de 60 horas. Limitado a 250 piezas, el reloj incorpora una correa técnica negra con forro de caucho inspirado en el dibujo de los neumáticos, un guiño directo al universo del automovilismo
Es un reloj que no intenta disfrazarse de vintage. Más bien toma el imaginario del tablero, del combustible, del asfalto y de la lectura inmediata al volante para crear una pieza contemporánea, robusta y elegante. El indicador de reserva de marcha funciona casi como un medidor de gasolina en miniatura, recordando que en la Mille Miglia toda energía cuenta: la del motor, la del piloto, la del reloj y hasta la del paisaje, que también exige resistencia.
La segunda creación, el Mille Miglia Classic Chronograph Raticosa, mira hacia un romanticismo más clásico. Con caja de 40.5 mm, carátula color eggshell de acabado mate, correa de piel de becerro perforada en tono marrón y movimiento cronógrafo automático certificado COSC, la pieza rinde homenaje al Passo della Raticosa, uno de los tramos legendarios de la carrera. Sus funciones incluyen contador de 12 horas, contador de 30 minutos, segundero pequeño, fecha y segundos de cronógrafo, una arquitectura pensada para quienes entienden que la precisión también puede tener modales de época.
Entre ambos relojes se dibuja la filosofía de Chopard frente a la Mille Miglia: por un lado, el instrumento técnico para el gentleman driver contemporáneo; por el otro, el cronógrafo que parece haber guardado en su carátula el eco de una Italia de guantes de piel, gafas de piloto y almuerzos veloces antes de volver a la ruta. Uno mira al presente. El otro conversa con el pasado. Los dos entienden que la verdadera exclusividad no está en llegar primero a cualquier precio, sino en pertenecer a una historia que pocos pueden conducir.
La Mille Miglia 2026 también funcionó como una antesala simbólica del centenario de 2027. Casi un siglo después de su nacimiento, la carrera conserva su poder de seducción porque no depende únicamente de la nostalgia. Su fuerza está en poner objetos extraordinarios en movimiento. Autos que podrían dormir en museos salen a respirar carretera; relojes concebidos para medir el tiempo se encuentran con una competencia que lo convierte en emoción; y figuras como Karl-Friedrich Scheufele y Jacky Ickx recuerdan que el lujo, cuando es auténtico, no se queda quieto en una vitrina.
En Brescia, al final del recorrido, la Mille Miglia volvió a demostrar por qué sigue siendo llamada “la carrera más bella del mundo”. No solo por los autos, ni por los paisajes, ni por la precisión de los cronómetros. Sino porque durante unos días logra que todo parezca pertenecer a una misma coreografía: el brillo del metal, la aguja del reloj, el olor del motor caliente, el guante sobre el volante y esa flecha roja que sigue apuntando hacia adelante. Chopard no solo mide ese instante. Lo acompaña, lo viste y lo convierte en memoria.









Mille Miglia 2026: Chopard acelera el tiempo entre joyas mecánicas y autos de colección
La Mille Miglia 2026 volvió a convertir las carreteras italianas en una pasarela de motores históricos. Chopard, Patrocinador Mundial y Cronometrador Oficial desde 1988, acompañó una nueva edición de la carrera junto a Karl-Friedrich Scheufele y Jacky Ickx, mientras la Maison presentó sus más recientes relojes inspirados en el universo del automovilismo clásico.
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