Desfile de moda Dior otoño/invierno 2026/27

¿Una nueva era para Dior bajo la dirección creativa de Jonathan Anderson?

por Louis Lorgis-Leech

La escenografía

La pasarela de Dior giraba en torno a un estanque de lirios de agua, rodeado de sillas metálicas verdes que evocaban un paseo bañado por el sol en el Jardín de las Tullerías de París. Con ello, se alejaba de las tiendas cúbicas blancas utilizadas en temporadas anteriores y difuminaba la línea entre el entorno interior y el exterior.

¿Faldas? ¿Convencionales? 

Vimos faldas voluminosas al estilo cupcake que hacían una declaración audaz, ingeniosamente yuxtapuestas con una cola corrugada que crea la ilusión de movimiento incluso en una pose estática.

Esta cola aporta una estructura interesante de la que carece una falda larga convencional, creando una dinámica que obliga al ojo del espectador a seguir el movimiento de la prenda a través del espacio, en lugar de percibir solo su forma estática.

¿La nueva bolsa “IT”? Blazers innovadores…

Este look llamó mi atención: combina un blazer rígido y “corporativo” con una explosión de encaje en el dobladillo que recuerda al estilo de una falda cupcake. Al mezclar ese caos con unos vaqueros grises básicos, transforma una silueta formal en algo sorprendentemente accesible, haciendo una declaración que desconstruye efectivamente el uniforme, la chaqueta, y dejando que la parte femenina y vaporosa de debajo sobresalga de la estructura. Es un juego ingenioso de texturas internas versus externas, donde el blazer funciona como una cáscara rígida superada por el crecimiento orgánico y exuberante del encaje.

Además, en este look podemos ver una nueva versión del estilo Lady Dior con el acolchado Cannage, ahora en formato de bolso práctico, ideal para llevar lo justo y necesario. Hemos visto un éxito similar en otras casas con este tipo de bolso, como Bottega Veneta y Hermès. ¿Podría esta ser la nueva “IT bag” de 2026/27?



La chaqueta “Bar” reimaginada

La chaqueta original “Bar” se caracterizaba por su acolchado exagerado en forma de reloj de arena y botones cubiertos de seda, pero aquí ha sido reinterpretada de manera mucho más minimalista, relajada y esquelética, con costuras verticales marcadas y un cuello en V limpio. Es casi como si la línea central de la chaqueta evocara una espina, reforzando su aspecto esquelético. Esta versión prescinde de los botones de seda y del acolchado de 1947 para reinterpretar la silueta original con la icónica forma de reloj de arena.

El diseño del lazo 

JW Anderson sigue fiel a sus motivos de lazo en la parte posterior de algunas prendas.

En este caso en particular, el volumen escultórico con forma de alas y la cintura central, donde el encaje negro estructural se despliega hacia afuera en dos bucles sobredimensionados, crean una sensación de “anudado” decorativo sin necesidad de cintas reales, imitando de manera ingeniosa un lazo.

Sin embargo, este look de motivo floral desde un punto de vista personal, me recordó a looks similares del debut de Matthieu Blazy para Chanel, donde carecía de originalidad desde mi perspectiva. 

En general, este desfile se percibió como un diálogo reflexivo entre estructura y suavidad. La confección rígida se transforma en encaje, los íconos del patrimonio se reimaginan, y los motivos son más abstractos que literales. Aunque no todos los looks fueron innovadores, la colección logró difuminar los límites entre interior y exterior, pasado y presente, demostrando que incluso los códigos más establecidos pueden evolucionar.