Fendi regresa a alta costura con Maria Grazia Chiuri con una oda al deseo y al cuerpo

Desde la emblemática Galleria Nazionale d’Arte Moderna e Contemporanea.

Redacción Every

Maria Grazia Chiuri llegó a la Alta Costura de FENDI con una idea bastante clara: el cuerpo no necesita que la ropa lo controle. Necesita que lo escuche. En su primera colección Couture para la Maison, presentada en Roma para la temporada Otoño/Invierno 2026-2027, la diseñadora convirtió el deseo en el punto de partida de todo. Deseo entendido no solo como sensualidad, sino como movimiento, libertad, placer y esa necesidad tan humana de transformarse a través de lo que uno lleva puesto.

La colección no buscó endurecer la silueta ni construir una fantasía inaccesible. Al contrario, Chiuri propuso una Couture más cercana al gesto que al corsé. Vestidos que se deslizan, telas que caen con suavidad, capas que envuelven y prendas que parecen moverse al ritmo del cuerpo, no en su contra. El chiffon con incrustaciones en blanco y negro, el tul, el terciopelo, el cashmere, la piel y el cuero aparecieron como materiales vivos, casi con humor propio, capaces de pasar de lo delicado a lo monumental sin pedir permiso.

También hubo una conversación directa con la historia de FENDI. La colección evocó Histoire d’eau, la película realizada por Jacques de Bascher y comisionada por Karl Lagerfeld para la primera colección ready-to-wear de la Maison en 1977. Esa imagen de una joven cruzando Roma a finales de los setenta, entre inocencia, sensualidad y libertad, funcionó como una especie de brújula emocional para el debut de Chiuri.

Pero más que mirar al archivo con nostalgia, la diseñadora lo abrió para que entrara aire. Las siluetas inspiradas en el kimono aparecieron en chaquetas y abrigos femeninos y masculinos, mientras los drapeados esculpieron el cuerpo sin necesidad de estructura rígida. En otras piezas, el tul sostuvo arabescos convertidos en hojas, flores y plumas; la piel pareció transformarse en algo ligero, casi alado; y algunas capas sobre hombros masculinos se leyeron como refugios portátiles, entre manta, abrigo y pequeña arquitectura emocional.

Lo más interesante de este debut es que Chiuri no parece querer hacer de la Alta Costura un escaparate intocable. La piensa como un laboratorio. Un lugar donde los ateliers dialogan, donde los materiales se contradicen un poco, donde la técnica existe, pero no aplasta. Todo está construido con precisión, sí, pero la sensación final es de soltura.

En Roma, una ciudad que sabe bastante de cuerpos, ruinas y deseos, FENDI abrió una nueva etapa de su Couture. Y Chiuri lo hizo sin fuegos artificiales innecesarios: simplemente dejó que la ropa rozara el cuerpo, lo siguiera, lo protegiera y, de paso, recordara algo esencial. Vestirse también puede ser una forma de deseo.