Yayoi Kusama: 10 datos curiosos de la artista que hizo que viéramos puntos en todos lados

De las alucinaciones a las Infinity Mirror Rooms: la vida de Yayoi Kusama es tan fascinante como sus lunares.

Redacción Every

Hay artistas que dejan una obra. Yayoi Kusama dejó un universo entero.

La artista japonesa, nacida en Matsumoto en 1929, comenzó a pintar desde muy pequeña y convirtió las visiones y alucinaciones que experimentaba desde niña en el punto de partida de un lenguaje artístico absolutamente suyo. En 1957 se mudó a Estados Unidos y, especialmente en Nueva York, se convirtió en una figura de la vanguardia con pinturas, esculturas, instalaciones, performances, moda y literatura. En 1973 regresó a Japón y, cuatro años después, ingresó voluntariamente en un hospital psiquiátrico de Tokio, donde continuó creando y desde donde siguió desarrollando una carrera que terminaría convirtiéndola en una de las artistas contemporáneas más reconocibles del planeta.

Pero detrás de la peluca roja, las calabazas amarillas y esos lunares que parecen haberse apoderado del mundo, hay una historia llena de episodios bastante inesperados.

Aquí van 10 datos curiosos de Yayoi Kusama que probablemente no conocías.

  1. Los lunares no fueron una estrategia de marketing

Mucho antes de convertirse en el estampado favorito de medio mundo, los puntos eran algo que Kusama veía.

Desde niña experimentaba visiones en las que aparecían puntos, luces, flores y patrones que parecían cubrirlo todo. Ella misma explicó que esas visiones terminaron convirtiéndose en material para su obra.

En otras palabras: mientras otros artistas buscaban inspiración, Kusama tenía el cerebro trabajando en modo “filtro de lunares” las 24 horas.

  1. Se fue a Nueva York después de escribirle a Georgia O’Keeffe

A los 20 y tantos años, Kusama quería salir de Japón y hacer carrera como artista. ¿Su estrategia? Escribirle directamente a Georgia O’Keeffe.

Le pidió consejo sobre cómo abrirse camino en el mundo del arte. O’Keeffe le respondió y la animó a buscar oportunidades en Estados Unidos.

Kusama terminó haciendo las maletas y llegó a Seattle en 1957. Poco después se mudó a Nueva York. Nada mal para una carta.

  1. Vivió durante décadas en un hospital psiquiátrico… por decisión propia

Esta parte de su biografía parece inventada para una película, pero no lo es.

En 1977, Kusama ingresó voluntariamente en un hospital psiquiátrico de Tokio. Y aquí está lo extraordinario: aquello no significó el final de su carrera.

Continuó trabajando y acudía diariamente a su estudio cercano para pintar. El hospital terminó siendo su residencia y su estudio, su oficina. Una rutina bastante peculiar, pero extraordinariamente productiva.

  1. Yayoi murió Virgen. Su relación más famosa fue intensa… pero platónica

Kusama mantuvo durante años una relación muy cercana con el artista Joseph Cornell.

Fue una relación romántica, obsesiva y profundamente afectiva, pero platónica. Kusama habló abiertamente de su rechazo al sexo y de su incomodidad con las relaciones sexuales.

Lo curioso es que, mientras su arte exploraba constantemente el cuerpo y la sexualidad, su vida sentimental iba por un camino completamente distinto.

  1. En plena Bienal de Venecia… se puso a vender su obra

En 1966, Kusama presentó Narcissus Garden, una instalación formada por cientos de esferas metálicas reflectantes.

Pero decidió llevar el concepto de “arte para todos” un paso bastante literal.

Vestida con un kimono dorado, comenzó a vender las esferas a los visitantes por unos dos dólares cada una. Los organizadores de la Bienal no encontraron precisamente encantadora la idea y terminaron deteniendo la venta.

Kusama, básicamente, convirtió una exposición internacional en un pop-up store antes de que existieran los pop-up stores.

  1. Antes de Instagram, ya hacía instalaciones perfectas para una selfie

Las famosas Infinity Mirror Rooms parecen hechas para las redes sociales actuales, pero Kusama empezó a experimentar con habitaciones de espejos mucho antes de que existiera Instagram.

En 1965 presentó Phalli’s Field, una instalación que utilizaba espejos y cientos de formas repetitivas para crear la sensación de un espacio infinito.

Décadas después, el mundo descubriría que entrar en una habitación de Kusama y salir sin tomarse una foto era prácticamente imposible.

  1. También organizaba performances con cuerpos pintados de lunares

En los años sesenta, Kusama no estaba interesada únicamente en colgar cuadros en una pared.

Organizó performances y happenings en Nueva York en los que los cuerpos se convertían en parte de la obra y eran cubiertos de lunares. También realizó acciones de protesta contra la guerra de Vietnam.

Los puntos, entonces, dejaron de estar sobre el lienzo y comenzaron a caminar por Nueva York.

  1. También diseñó ropa y no era precisamente discreta

Kusama experimentó con la moda durante los años sesenta y creó prendas con cortes y agujeros estratégicos.

Su idea de la ropa tampoco era demasiado convencional: exploraba el cuerpo, la identidad y la repetición de la misma manera que lo hacía en su arte.

Porque para Kusama, aparentemente, si algo podía tener lunares… ¿por qué no?

  1. Escribió novelas y poesía

Si pensabas que Kusama solo pintaba, sorpresa: también fue escritora.

Publicó novelas, cuentos, poesía y textos autobiográficos. Su literatura abordó temas que también aparecen constantemente en su obra visual: obsesión, soledad, amor, muerte y el infinito.

  1. Pintó hasta prácticamente el final

Y quizá este sea el dato que mejor resume quién fue Yayoi Kusama.

La artista murió a los 97 años el 14 de agosto de 2026, en Tokio, pero continuó trabajando hasta sus últimos días.

Durante casi un siglo, Kusama hizo exactamente lo que quiso: repetir, multiplicar, cubrir, borrar y volver a empezar.

Y así consiguió algo que muy pocos artistas logran: que una imagen tan sencilla como un punto se convirtiera en una firma reconocible en cualquier parte del mundo.

Un punto puede parecer poca cosa. Pero millones de puntos después, Yayoi Kusama consiguió convertirlo en una revolución.

Y quizá esa sea la mejor manera de entender su legado: Kusama no solo puso puntos sobre las cosas; puso su propio punto y aparte en la historia del arte.